ESTA OBRA FUE PRODUCIDA CON EL PREMIO S 2009, EL FONDO NACIONAL DE LAS ARTES Y PROTEATRO
24 de febrero de 2012
24 de noviembre de 2011
La Boticaria en Pagina 12 - Las 12
ESCENAS
El aburrimiento
La boticaria narra el tedio de una mujer sola bajo el mando de la dramaturga y directora Verónica McLoughlin, sobre un cuento de Antón Chejov. El arte de que todo pase bajo el río de la abulia y la indiferencia.
Verónica McLoughlin es actriz, docente de teatro, dramaturga y directora. Viene a paso firme y a fuerza de trabajo haciéndose un lugar en este campo teatral porteño. Allá lejos y hace tiempo codirigía a los actores de la bella Criaturas del aire, de Lucía Laragione, en la dirección de Luciano Cáceres. Además de dirigir, a Verónica se la puede ver actuando junto a Leonardo Saggese en Blanco después, de Nicolás Bolívar, y el año que viene junto a Juliana Muras, estrenarán la obra Una mujer que no duerme, que escribieron juntas basada en textos de Clarice Lispector.
Del semillero de alumnos de las clases de dramaturgia de Marcelo Bertuccio es que surgió un mundo singular y original que vuelca en sus obras (Voto de silencio, Pica pica bajada de cordón) y que después las lleva a escena. Este es el caso también de La boticaria, su último texto y espectáculo, inspirado en un cuento de Antón Chejov.
Vamos a la adaptación del cuento del reconocido Chejov. El primer objetivo fue el de transformarlo en texto dramático. El segundo, que el relato pueda ser actuado, y el tercero, que la situación descripta, suceda. Objetivos cumplidos por cierto. La adaptación incluye además, un cambio geográfico y de época. El cuento transcurre en Rusia, hace muchos años... La boticaria sucede en un pueblo de provincias, en una época más actual: los soldados del cuento se transforman en técnicos de cine que viajan al pueblo a filmar una película. Verónica McLoughlin relata que quiso mantener ese espíritu de cuento, y por eso la obra tiene momentos en los que los actores describen el espacio, en oscuridad. Sus voces nos cuentan, nos hacen imaginar un lugar, al igual que un cuento cuando es leído en voz alta y escuchado por otros.
Para Verónica, Chejov es un autor que no dice, que oculta, que sugiere: sutil e íntimo. Tanto en Voto de silencio, su espectáculo anterior, como en La boticaria vuelve el tema de la soledad de la mujer en un espacio lejos de la ciudad. “Sí, claro. Creo que las dos obras hablan de la soledad, tanto para el hombre como para la mujer. Por supuesto que al yo ser mujer, es muy posible que me apoye en personajes femeninos para contarlo. La boticaria está aburrida, que es uno de los estados más profundos de la soledad, según mi punto de vista. Es el estado que te aleja de todo, que te quita las ganas. Ella trata de entretenerse vinculándose con alguien, seduciendo y dejándose seducir. Pero al final, como siempre, el entretenimiento se termina y vuelve el aburrimiento y ahí está la soledad. Pero parece que no solo los personajes están solos... mis historias piden soledad para que se hagan presentes en escena.”
La historia es sencilla. En una noche muy calurosa de un pueblo de provincia, dos hombres: el Viejo (Mauricio Minetti) y Raúl, el joven (Francisco Espinal), que trabajan como técnicos para una película que se filma en ese lugar, desean acercarse a La Botica, con cualquier excusa que sirva para vincularse con la jovencita (Marianela Iglesia) que atiende el lugar y está casada con un hombre mucho mayor, dueño del negocio. La soledad y el tedio son también para los hombres de la ciudad que se aburren en el pueblo: “Creo que al Viejo también lo mueve el aburrimiento. El tedio de su propia realidad lo empuja a la aventura de acosar a una joven desconocida. Yo creo que en su fuero íntimo (y así lo trabajamos) sabe que no va a hacer nada con ella. Porque no es un violador ni un abusador, solo quiere vivir algo distinto. Y lo que me ayuda a contar esto es el vínculo con el Joven (encarnado por Francisco Espinal). El miedo que tiene el joven de un posible abuso del hombre es lo que cuenta y lo que asusta. La manera de contar esta parte ‘oscura’ no fue haciendo que el Viejo fuese oscuro, sino justamente a través del vínculo, por oposición y por reacción del otro personaje.” El subtexto, lo no dicho, late fuertemente. Al comienzo aparenta el futuro de una situación bastante violenta para con la joven. Pero esa situación se transforma, casi como en un cuento de hadas, e incluso surge una incipiente relación entre los dos jóvenes.¤
La boticaria. Domingos 18.30 hs. Teatro Anfitrión. Venezuela 3340. Reservas: 49312124. $ 50.
3 comentarios 3
Es increíble la cantidad de sensaciones que despierta el discurrir de la historia…sensaciones que conviven con lo simple del detalle, gestos, miradas…con enormes y cotidianos sentimientos: amor, soledad, miedo…quietud.
Sos portadora de un don…y entre ellos, la capacidad de ver en lo pequeño y mínimo aquello que nos entrecruza, nos constituye como seres…
Salí con la sensación de inmovilidad con la que ambos actores cierran la historia.
Inmovilidad que muchas veces, en el día a día, nos invade…nos acompaña…y deja trunco un montón de proyectos, anhelos, deseos... Y a su vez, con la sensación de un mimo…tus obras son mimos para todo aquél que participa como espectador.
Gracias por tanta belleza, tanto detalle, tanto que decir en esa historia, en esas miradas y en esos cuerpos…Gracias por el mimo de ayer!
Hoy la función de la Boticaria estuvo re linda. Me reí mucho!
Pensé que como era la segunda vez que la veía ya no me iba a sorprender tanto, y la verdad que no fue así, sino todo lo contrario.
Me sorprendí a mi misma estando atenta al final, como si no supiera lo que iba a acontecer o, tal vez, esperando que aconteciera algo más.
Lo bueno de ver una obra dos veces es que podés fijarte en otras cosas.
Tu obra es muy bella Vero, y está viva en cada rinconcito.
Mercedes Valenzuela
Hola Vero: hoy fuimos como ya sabias, finalmente la vi, me gustó, me transporto a esas imágenes.
Me gustó la austeridad de escenografía, las actuaciones, me gustó.
Felicitaciones!!
Myriam Sosa
4 de noviembre de 2011
24 de octubre de 2011
11 de octubre de 2011
PALABRAS DE ESPECTADORES
Ante todo felicitaciones!
Tu obra, tu creacion, es increible, hermosa y muy dulce. Sali literalmente derretido: los actores, los personajes y la dulzura y tension de cada momento. Me enamore. Sali con una sensacion fuertisima en el pecho y por eso no podia irme sin darte un abrazo de agradecimiento por haber compartido esta obra. Gracias.
Has creado algo sumamente bello y sutil, y debes saberlo.
Una critica desapegada puede ser la de mis sobrinas (15 años) que no tienen experiencia en teatro y son muy cortas de palabras. Me dijeron: "Me gusto mucho", "No se como hicieron para hacer la obra con tan pocas cosas", "Me imaginaba todo" y la ultima (quizas por esta cultura televisiva que tienen) "pense que iba a pasar cualquier cosa al final, que iba a terminar mal".
Esa ultima frase es la que mejor te halaga. En su propio lenguaje mis sobrina quisieron decir que habia tal tension dramatica que cualquier cosa era posible. Ese beso - freaking beso - era cuestion de vida o muerte. Y eso es el buen teatro, cuando algo se juega a fondo, cuando algo cobra su valor real: vida o muerte.
Luego, mi piropo para tu obra es que - si escribiera - te entregaria con tanto gusto un texto mio... Tu mirada, minimalista y romantica me lleno. Gracias!!.
Nuevamente FELICITACIONES.
Tu obra es muy bella.
Hernán Sosa
10 de octubre de 2011
PALABRAS DE ESPECTADORES
HOLA VERONICA, TE FELICITO Y FELICITO A TODO EL GRUPO HUMANO DE LA BOTICARIA. HERMOSA ADAPTACION, BELLA Y SENSIBLE.
ME ENCANTO EL RECURSO DE OSCURIDAD Y NARRACION DE LOS ACTORES, ME HICIERON SER ACTIVA COMO ESPECTADORA.
Los felicito además, porque no obviaron el silencio, se atrevieron a que el silencio sea parte de la accion (hoy que tanto el ruido sumado al vertigo nos aislan).
Quizas algo de lo que me dejo la obra sea ese momento unico que dejamos pasar, que ansiamos pero que a la vez nos imposibilitamos de vivir.
Gracias por esta obra y por tu sensibilidad.
Contrariamente a otras puestas de Chejov que ultimamente he visto, y que han recurrido a la violencia, en tu obra habia violencia (solapada) pero privilegiaste la mirada femenina, y eso me encantó.
Felicitaciones nuevamente. Es bueno saber que existen hermosas y dignas directoras de teatro!
ME ENCANTO EL RECURSO DE OSCURIDAD Y NARRACION DE LOS ACTORES, ME HICIERON SER ACTIVA COMO ESPECTADORA.
Los felicito además, porque no obviaron el silencio, se atrevieron a que el silencio sea parte de la accion (hoy que tanto el ruido sumado al vertigo nos aislan).
Quizas algo de lo que me dejo la obra sea ese momento unico que dejamos pasar, que ansiamos pero que a la vez nos imposibilitamos de vivir.
Gracias por esta obra y por tu sensibilidad.
Contrariamente a otras puestas de Chejov que ultimamente he visto, y que han recurrido a la violencia, en tu obra habia violencia (solapada) pero privilegiaste la mirada femenina, y eso me encantó.
Felicitaciones nuevamente. Es bueno saber que existen hermosas y dignas directoras de teatro!
Armenia Martínez
CRITICA REVISTA ALREDEDORES
En un pueblo donde la rutina es la misma calma, la boticaria no puede dormirse debido al calor. Dos hombres la ven y deciden entrar a la farmacia a verla, con cualquier excusa. Así comienza una obra que busca emocionar a partir de la sencillez de la vida cotidiana. Una noche como cualquiera donde nadie volverá a ser igual.
Por Luciano Sáliche – l.a.saliche@hotmail.com
No hay en el mundo nada bueno que en su origen no contuviera una infamia. Esta es la frase de Antón Chéjov, dramaturgo de la obra, que aparece en el folleto cuando uno se sienta a ver La Boticaria. De esta manera nos adelanta que nos encontraremos con un teatro que poco dista de relucir finales felices.
La Boticaria es una obra dirigida por Verónica Mc Loughlin que recrea el cuento de Chéjov adaptándolo a una actualidad no tan distinta. Cuando muchas veces los choques generacionales se preguntan por las emociones de las personas y qué ha sucedido con estas luego de los avances tecnológicos, en esta obra se puede encontrar una respuesta. Porque muchos de los malestares individuales continúan siendo los mismos y es así como la soledad y el miedo al cambio ocupan ese rol.
La historia transcurre en un pueblito y es aquí donde el factor atemporal muestra sus frutos. Dos muchachos que salen a altas horas de trabajar transitan por las calles vacías y oscuras. Una luz en un balcón los sorprende. Hay una muchacha muy bella que, con mucho tedio por el calor, no puede dormirse. Ella no los ve, pero ellos sí. Junto a ella hay un hombre durmiendo, un hombre mayor. Debajo del balcón hay una farmacia que según parece, la muchacha es la que la atiende. Junto a la puerta un cartel que dice “toque timbre”. Así los dos muchachos buscan una excusa para que ella baje y los atienda. La querían ver, se habían quedado fascinados con su belleza. Así comienza la historia.

La historia transcurre en un pueblito y es aquí donde el factor atemporal muestra sus frutos. Dos muchachos que salen a altas horas de trabajar transitan por las calles vacías y oscuras. Una luz en un balcón los sorprende. Hay una muchacha muy bella que, con mucho tedio por el calor, no puede dormirse. Ella no los ve, pero ellos sí. Junto a ella hay un hombre durmiendo, un hombre mayor. Debajo del balcón hay una farmacia que según parece, la muchacha es la que la atiende. Junto a la puerta un cartel que dice “toque timbre”. Así los dos muchachos buscan una excusa para que ella baje y los atienda. La querían ver, se habían quedado fascinados con su belleza. Así comienza la historia.

Tres personajes bien armados en un escenario prácticamente desolado, casi sin escenografía. En un principio los textos son hablados por los actores que con las luces apagadas pintan el paisaje. Todo oscuro y las voces que dirigen la imaginación. Como si hablaran con un lápiz que traza los contornos del escenario. Luego, comienzan las acciones.
La Boticaria es una obra que parte de los acontecimientos fortuitos de personas comunes. No se pretende contar una historia exótica y alucinante. Más bien, se busca inmiscuirse en los anhelos personales de personajes representativos que pudieran ser cada uno de los espectadores. Porque es a partir de una simple situación ordinaria de una noche de verano típica en un pueblo, que el encuentro de estas personas va a generar un quiebre en cada una de sus vidas. Nada volverá a ser igual porque luego de esa noche, el sueño personal de cada uno de los tres se habrá modificado.
Las actuaciones acompañan perfectamente un texto precioso. La adaptación de la obra es muy precisa. La Boticaria genera todo lo que se propone, ilusionar al público con que las grandes transformaciones y cambios de las personas surgen de situaciones sencillas de la vida cotidiana. Una obra imperdible que deja una hermosa sensación a los que desean cultivar y acariciar un espíritu sensible.
La Boticaria es una obra que parte de los acontecimientos fortuitos de personas comunes. No se pretende contar una historia exótica y alucinante. Más bien, se busca inmiscuirse en los anhelos personales de personajes representativos que pudieran ser cada uno de los espectadores. Porque es a partir de una simple situación ordinaria de una noche de verano típica en un pueblo, que el encuentro de estas personas va a generar un quiebre en cada una de sus vidas. Nada volverá a ser igual porque luego de esa noche, el sueño personal de cada uno de los tres se habrá modificado.
Las actuaciones acompañan perfectamente un texto precioso. La adaptación de la obra es muy precisa. La Boticaria genera todo lo que se propone, ilusionar al público con que las grandes transformaciones y cambios de las personas surgen de situaciones sencillas de la vida cotidiana. Una obra imperdible que deja una hermosa sensación a los que desean cultivar y acariciar un espíritu sensible.
PALABRAS DE ESPECTADORES
Sutil.
La obra sutil. El texto, la actuación y la dirección. Muy hermosa. Me quedé con esa sensación de cómo pierden la batalla las palabras cuando uno les pide que expliquen la alquimia de las sensaciones.
Para mí, la obra es ese momento en que alguien muy atravesado por el carácter realista de las cosas te pregunta provocándote: "todo muy lindo pero ¿y?, ¿qué pasó?" y uno sabe y La boticaria responde: "no pasó nada y pasó todo".
Me reí cuando me identifiqué con lo tosco del afecto, transité el encierro de la costumbre y también los olores y el pecho de lo imprevisto.
La obra sutil. El texto, la actuación y la dirección. Muy hermosa. Me quedé con esa sensación de cómo pierden la batalla las palabras cuando uno les pide que expliquen la alquimia de las sensaciones.
Para mí, la obra es ese momento en que alguien muy atravesado por el carácter realista de las cosas te pregunta provocándote: "todo muy lindo pero ¿y?, ¿qué pasó?" y uno sabe y La boticaria responde: "no pasó nada y pasó todo".
Me reí cuando me identifiqué con lo tosco del afecto, transité el encierro de la costumbre y también los olores y el pecho de lo imprevisto.
Valeria Fadel
Reflexiones de un lunes feriado
Tengo ganas de escribir. Y se me ocurrió hacerlo aquí. Porque tengo ganas de escribir para ser leída por alguien. Aprovecho entonces este espacio que yo misma genero. Y además porque tengo ganas de escribir sobre el teatro y sobre La Boticaria, y entonces creo que este es un buen lugar. Un buen hábitat para estas palabras.
Hace poco volví de un viaje. Corto, pero intenso, a México. Fui a un festival de teatro, donde participé con una obra que estoy dirigiendo que se llama Una mujer que no duerme. Fue la primera vez que viajé fuera del país con una obra mía. La primera vez que me sellaron el pasaporte. La primera vez que volé tanto tiempo. Tuve que cambiar la hora cuando llegué allí.
Hablé mucho de teatro, del teatro que hago aquí en Buenos Aires. De los modos de producción. De la manera de agruparse. De nuestra manera de trabajar. Digo nuestra en relación a los equipos de trabajo en los que participo.
Y hablar tanto sobre eso me hizo pensar mucho. Y viceversa. Y también revisar mucho las maneras de trabajar.
Me di cuenta que me gusta lo que hago, cómo lo hago y con la gente que lo hago. Que acuerdo en el modo en que tenemos de armar un proyecto y llevarlo adelante. Pero que no acuerdo con que cueste tanto.
¿Por qué hacemos teatro así? ¿Por qué siento tantas ganas de hacerlo cuando las condiciones son tan adversas? Supongo que las condiciones adversas son parte de que tenga tantas ganas de hacerlo, también. Dialéctica.
Pero no miento si digo que tengo ganas de que las condiciones sean más amigables. No, amigables no. Más justas.
Sí, hablo de políticas culturales, de apoyos institucionales, de accesibilidad a los medios de difusión.
Hablo de que si no hay dinero, entonces que existan otros elementos que faciliten el trabajo de quienes hacemos teatro con responsabilidad y dedicación.
Cada vez más confirmo la actitud militante de esta tarea. Militante en cuanto a defender un proyecto porque se cree en él. Y va la vida en esta creencia. Y con vida me refiero a vida cotidiana: a tiempo, a energía, a cuerpo.
Deseo mucho que sea mas fácil hacer lo que hago, y lo que hacemos tantos otros.
Estoy perdida en cuanto a la forma. Entiendo además que estoy en una ciudad en la que hay mucho teatro, muchas obras, muchos artistas, muchos espacios. Y que la oferta es amplia. Ojalá que la gran oferta exija calidad en las creaciones. Y calidad en los modos de realizar también.
Reflexiones de un lunes feriado.
Reflexiones luego de una hermosa función de La Boticaria. Y de un hermoso festival mexicano.
Hace poco volví de un viaje. Corto, pero intenso, a México. Fui a un festival de teatro, donde participé con una obra que estoy dirigiendo que se llama Una mujer que no duerme. Fue la primera vez que viajé fuera del país con una obra mía. La primera vez que me sellaron el pasaporte. La primera vez que volé tanto tiempo. Tuve que cambiar la hora cuando llegué allí.
Hablé mucho de teatro, del teatro que hago aquí en Buenos Aires. De los modos de producción. De la manera de agruparse. De nuestra manera de trabajar. Digo nuestra en relación a los equipos de trabajo en los que participo.
Y hablar tanto sobre eso me hizo pensar mucho. Y viceversa. Y también revisar mucho las maneras de trabajar.
Me di cuenta que me gusta lo que hago, cómo lo hago y con la gente que lo hago. Que acuerdo en el modo en que tenemos de armar un proyecto y llevarlo adelante. Pero que no acuerdo con que cueste tanto.
¿Por qué hacemos teatro así? ¿Por qué siento tantas ganas de hacerlo cuando las condiciones son tan adversas? Supongo que las condiciones adversas son parte de que tenga tantas ganas de hacerlo, también. Dialéctica.
Pero no miento si digo que tengo ganas de que las condiciones sean más amigables. No, amigables no. Más justas.
Sí, hablo de políticas culturales, de apoyos institucionales, de accesibilidad a los medios de difusión.
Hablo de que si no hay dinero, entonces que existan otros elementos que faciliten el trabajo de quienes hacemos teatro con responsabilidad y dedicación.
Cada vez más confirmo la actitud militante de esta tarea. Militante en cuanto a defender un proyecto porque se cree en él. Y va la vida en esta creencia. Y con vida me refiero a vida cotidiana: a tiempo, a energía, a cuerpo.
Deseo mucho que sea mas fácil hacer lo que hago, y lo que hacemos tantos otros.
Estoy perdida en cuanto a la forma. Entiendo además que estoy en una ciudad en la que hay mucho teatro, muchas obras, muchos artistas, muchos espacios. Y que la oferta es amplia. Ojalá que la gran oferta exija calidad en las creaciones. Y calidad en los modos de realizar también.
Reflexiones de un lunes feriado.
Reflexiones luego de una hermosa función de La Boticaria. Y de un hermoso festival mexicano.
CRITICA BLOG CRITICUNDER
CRITICUNDER - Críticas de teatro independiente y comercial -
“La boticaria en El Anfitrión.”

Por: Miranda Trincheri (Colaboradora)miranda.criticunder@ymail.com
Calificación: ★★★★
Dos hombres, una mujer; un cuento, una puesta en escena; Chejov, Mc Loughlin. Luz y apagón, actores y narradores: en esta doble relación aparece la puesta del breve relato de Chejov (muy chejoviano, por cierto) “La Boticaria.”
En su breve pero contundente carrera como directora, Verónica Mc Loughlin parece saber lo que le interesa: un conflicto sencillo, sensible que reposa, y se potencia, con las interpretaciones. Los espectadores atienden a la historia, la anécdota, casi como si la estuvieran leyendo: no hay voz en off, sino en oscuro y son los propios actores quienes narran, y no solo dialogan.
Leerlo tomaría diez minutos; verlo, unos sesenta. Tiempo real: la historia comienza y no se detiene hasta el final. Una hora, una hora en la vida de una persona, de una mujer que vive tranquila y, claro, aburridamente. Dos hombres, un poco hastiados también, van en su búsqueda: irrumpen en su vida y ya nada será igual. ¿Ya nada será igual? Quien haya leído cuentos de Chejov sabe que el conflicto es puro presente, un presente que deviene en puro instante, una historia mínima capaz de marcar un antes y un después sin alterar demasiado el orden establecido.
Como obra de teatro, esta historia cobra sentido y la experiencia de quien la ve es la de haber sido testigo de un capítulo, breve, brevísimo pero quizá indeleble para alguno(s) de sus involucrados. Una pieza para disfrutar de la simpleza potente del teatro que solo con la presencia humana conmueve y moviliza.
http://www.criticunder.com/2011/10/la-boticaria-en-el-anfitrion.html

Por: Miranda Trincheri (Colaboradora)miranda.criticunder@ymail.com
Calificación: ★★★★
Dos hombres, una mujer; un cuento, una puesta en escena; Chejov, Mc Loughlin. Luz y apagón, actores y narradores: en esta doble relación aparece la puesta del breve relato de Chejov (muy chejoviano, por cierto) “La Boticaria.”
En su breve pero contundente carrera como directora, Verónica Mc Loughlin parece saber lo que le interesa: un conflicto sencillo, sensible que reposa, y se potencia, con las interpretaciones. Los espectadores atienden a la historia, la anécdota, casi como si la estuvieran leyendo: no hay voz en off, sino en oscuro y son los propios actores quienes narran, y no solo dialogan.
Leerlo tomaría diez minutos; verlo, unos sesenta. Tiempo real: la historia comienza y no se detiene hasta el final. Una hora, una hora en la vida de una persona, de una mujer que vive tranquila y, claro, aburridamente. Dos hombres, un poco hastiados también, van en su búsqueda: irrumpen en su vida y ya nada será igual. ¿Ya nada será igual? Quien haya leído cuentos de Chejov sabe que el conflicto es puro presente, un presente que deviene en puro instante, una historia mínima capaz de marcar un antes y un después sin alterar demasiado el orden establecido.
Como obra de teatro, esta historia cobra sentido y la experiencia de quien la ve es la de haber sido testigo de un capítulo, breve, brevísimo pero quizá indeleble para alguno(s) de sus involucrados. Una pieza para disfrutar de la simpleza potente del teatro que solo con la presencia humana conmueve y moviliza.
http://www.criticunder.com/2011/10/la-boticaria-en-el-anfitrion.html
PALABRAS DE ESPECTADORES
Me gustó de la obra porque por un lado pasa lo que pasa, y ademas está todo lo que uno se va haciendo en la cabeza de lo que "puede llegar a pasar", como si hubiera dos dimensiones. A ella (boticaria) parece que la pueden violar, o matar, o cuando el Viejo se va al baño que puede matar al marido, por eso ellos (el joven y la boticaria) miran constantemente atras... y parece que se va a dar una historia de amor, pero al final...
Elena Urrez
5 de octubre de 2011
CRITICA VIENDO TEATRO - HABLAN LOS ACTORES
sábado 1 de octubre de 2011
La Boticaria

El viejo y el joven son técnicos de una producción cinematográfica
que ha tomado un pueblo como locación de rodaje y con la excusa
de curar una torcedura de pie, se cuelan en la casa de la boticaria del pueblo,
mientras su marido duerme en la habitación.
Un licor ofrecido por la boticaria a los visitantes es el detonante
Un licor ofrecido por la boticaria a los visitantes es el detonante
para que la conversación se extienda y los intrusos se instalen en la sala.
Siempre está la impresión que algo va a suceder, no se sabe si malo o bueno.
En tanto banales conversaciones se van afectando dos paralelas muy marcadas:
la inocencia y solidaridad con el oportunismo y picardía;
sin embargo las únicas víctimas parecen ser los sentimientos,
una historia de amor que se me aparece escabullida entre la ilusión campesina
y la desesperanza citadina.
La escena se explora desde el código lumínico, los espacios e intenciones de los personajes
La escena se explora desde el código lumínico, los espacios e intenciones de los personajes
se van abriendo y desarrollando cuando la iluminación les da su oportunidad;
mientras que los momentos de oscuridad, a manera de elipsis,
sirven para relatar en off ciertas acciones que revelan a los personajes.
Una interesante investigación escénica por parte de la dirección
Una interesante investigación escénica por parte de la dirección
y los actores provocan atraer con una historia sencilla y profunda,
algo nada fácil y conmovedor cuando se efectiviza.
UN MINUTO CON LOS PROTAGONISTAS
Ficha Artística
Autoría: Verónica Mc Loughlin
Actúan: Francisco Espinal, Marianela Iglesia, Mauricio Minetti
Teatro Anfitrión
Actúan: Francisco Espinal, Marianela Iglesia, Mauricio Minetti
Diseño de luces: Matías Iaccarino, Carolina Rolandi
Dirección: Verónica Mc Loughlin
Teatro Anfitrión
Venezuela 3340 - Buenos Aires - Capital Federal
Entrada: $ 50,00 y $ 30,00 - Domingo - 18:30 hs
Etiquetas: Nota: Jorge Sandoval, Teatro
24 de septiembre de 2011
Hermosa critica de Carlos Diviesti en El Blog de la Esquina Peligrosa
22 de septiembre de 2011
De lo sutil y lo inasible
(...) Al cabo de unos minutos el médico se separa de Obtesov y se aleja, mientras que Obtesov vuelve. Una y otra vez pasa por delante de la botica... Tan pronto se detiene junto a la puerta como echa a andar otra vez. Por fin, suena el discreto tintineo de la campanilla (...) Anton Chejov, La mujer del boticario
En el campo, en el verano, el día se incendia bajo el horizonte de la noche. La luna sube roja hacia el cielo y de a poco se transforma en una cara sedienta. En esos pueblos de dos o tres calles torcidas, definitivamente fuera de todas las ciudades, los pensamientos se escapan del cuerpo y se escuchan en la absoluta oscuridad, y hasta huelen a lumbre y a botica y adquieren el contorno de una silueta de mujer. Pero generalmente los pensamientos se esconden tras los visillos de algunas ventanas más allá, de cara a los arbustos, y se abandonan al susurro tras perder la lucha con la conciencia. Qué puede pensarse en voz alta en la desazón del campo a la madrugada. Una alegría erigida en la infamia por ejemplo, que baile silenciosa en el deseo de los desconocidos, que se apague en un lamento que aguarda el amanecer para abandonarse al olvido.
La melódica amargura de Chejov se traduce en una mínima esperanza irrenunciable. LA BOTICARIA, segunda pieza escrita y dirigida por Verónica McLoughlin, no es una mera lectura del cuento La mujer del boticario: es una mirada exquisita hacia un universo de familiar eternidad. McLoughlin traslada la acción al campo cercano, ese que podría estar aquí nomás, y aunque señala un tiempo que bien podría ser el presente, tiempo y espacio conducen a evidenciar el pulso que siempre late en el alma de los hombres, expuesto una vez decantada esa poesía hecha de luces sutiles y sonidos alejados y de espacios definidos en el imaginario de cada uno. Y no es nada más que sensibilidad porque en LA BOTICARIA también hay belleza estética: baste recordar una calle de pulida geometría para descubrir en ella la exaltada pasión de un momento inasible, que podría haberse perdido pero que McLoughlin toma entre sus dedos y luego lo deja volar.
LA BOTICARIA, dramaturgia de Verónica McLoughlin sobre el cuento La mujer del boticario, de Anton Chejov. Dirigida por Verónica McLoughlin. Producción: Marlene Nördlinger. Asistente de Dirección: Sonia Frickx. Escenografía y Vestuario: Gerardo Porión. Diseño de Luces: Matías Iaccarino, Carolina Rolandi. Diseño de Sonido y Música: Manuel Toyos. Intérpretes: Francisco Espinal, Marianela Iglesia, Mauricio Minetti. Teatro Anfitrión, Venezuela 3340. Domingos a las 18.30. http://blogesquinapeligrosa.blogspot.com/2011/09/de-lo-sutil-y-lo-inasible.html
21 de septiembre de 2011
Critica en De todos los dias wordpress
La boticariaLunes, sep 19 2011
Según los usos y costumbres, se le dice boticaria a la esposa del boticario. No es necesario estudiar ni tener título habilitante…es algo que se hereda como el apellido.
Verónica Mc Loughlin escribió una pieza teatral que lleva por título ‘La boticaria’ y dirigió a Francisco Espinal, Marianela Iglesia y Mauricio Minetti en la puesta del Anfitrión.
Una historia chiquita, mínima diría, recordando que no solamente son interesantes las historias que cambian al mundo…quizás alguna noche puede significar solamente una noche o quien sabe…en una de esas cambia alguna vida…y capaz que al mundo también.
Olor a pueblo chico en la sala. Un hombre y un muchacho tocando el timbre de la farmacia, esperando ser atendidos por la muchacha en cuestión. Tres soledades que por un rato tienen una vida diferente…y hacen planes…y por un rato se animan a ser lo que quieren ser. Seguramente esos minutos harán perdurable la pequeña historia y me animo a creer que no volverán a ser los mismos al día siguiente.
Una obra chiquita, como esas cosas que una se llevaría a la mesa de luz.
http://detodoslosdias.wordpress.com/2011/09/19/la-boticaria/
PALABRAS DE ESPECTADORES
Mientras aplaudía pensé:¡Preciosa!
Después del café reflexioné: Sutil- Intensa- Mágica
A los dos o tres días inferí: la realizadora se montó en el cuento, desplegó las alas y lo echó a volar.
Y con la puesta de ese equipo de trabajo acertadamente elegido, los espectadores, volamos con él.
Después del café reflexioné: Sutil- Intensa- Mágica
A los dos o tres días inferí: la realizadora se montó en el cuento, desplegó las alas y lo echó a volar.
Y con la puesta de ese equipo de trabajo acertadamente elegido, los espectadores, volamos con él.
Graciela Logarzo
15 de septiembre de 2011
En Hecho en Buenos Aires
SIMPLE Y SENSIBLE
Una joven boticaria toma fresco en una noche de verano cuando dos hombres se acercan a su negocio. Así
comienza un encuentro que modificará, al menos, esa noche. “Escribí inspirada en el cuento de Antón Chéjov: la obra relata el encuentro entre estos dos hombres urbanos con la mujer de pueblo” dice Verónica Mc Loughlin, directora de La Boticaria. El acento en las luces y la escasa escenografía son la línea de una puesta centrada en la actuación. “Mi intención es expresar una mirada sobre un hecho. Historia simple contada de una manera muy sensible”, prosigue Mc Loughlin. La Boticaria es un cuento sobre la soledad y los sueños postergados. Sobre la resignación y la aventura. Sobre la ilusión. Y la vida sin mayúsculas; la de aquello que no somos héroes.
comienza un encuentro que modificará, al menos, esa noche. “Escribí inspirada en el cuento de Antón Chéjov: la obra relata el encuentro entre estos dos hombres urbanos con la mujer de pueblo” dice Verónica Mc Loughlin, directora de La Boticaria. El acento en las luces y la escasa escenografía son la línea de una puesta centrada en la actuación. “Mi intención es expresar una mirada sobre un hecho. Historia simple contada de una manera muy sensible”, prosigue Mc Loughlin. La Boticaria es un cuento sobre la soledad y los sueños postergados. Sobre la resignación y la aventura. Sobre la ilusión. Y la vida sin mayúsculas; la de aquello que no somos héroes.
14 de septiembre de 2011
CRITICA FUNAMBULOS
La boticaria
domingo 11 de septiembre de 2011

Por Malala González
La luz que da sala se apaga y una ficción se despliega en completa oscuridad. Somos interpelados a recrear con la imaginación un relato que resultará, sencillamente, delicioso. No vemos, sólo escuchamos el comienzo de una historia inspirada en el cuento del gran Chéjov. Y, a medida que avance, será el espacio fragmentado por lo lumínico, el que nos haga oscilar entre el ver y el no ver, entre lo narrado oralmente y lo escénicamente construido.
La trama se ubica en un pueblito donde son dos que tocan el timbre de la botica y una es la que atiende a largas horas de la noche calurosa. Ella, que los deja entrar, y ellos, que aceptan con una excusa engañosa, son los que resuelven un encuentro simple y lleno de pequeños grandes momentos que, al finalizar la función, nos dejan una linda sensación.
La puesta (muy bien puesta ¡valga la redundancia!) junto con la dramaturgia del texto corren por cuenta de Verónica Mc Loughlin. Mientras que Marianela Iglesia, Francisco Espinal y Mauricio Minetti dan ruedo a las precisas y simpáticas actuaciones que completan favorablemente aquello que la oscuridad nos había proporcionado. Sonoramente la trama descansa sobre un extrañamiento auditivo diseñado por Manuel Toyos que se vuelve muy buen constructor de sentido, sumado al interesante diseño lumínico realizado por Matías Iaccarino y Carolina Rolandi.
Una pieza entrañable y delicada que no se priva de momentos de risa, y donde la pluma del autor ruso aparece y se agradece con tamaña soltura. Porque, como no podía ser de otra manera a lo “chejoviano”, se habla del amor, pero junto a él tienen lugar la soledad, la frustración y la desdicha del mundo terrenal. Así, el programa de mano previamente lo indica: “No hay en el mundo nada bueno que en su origen no contuviera una infamia”. Una historia de amor, de aquel capaz de gestarse de improviso en dos almas que, pudiendo encontrarse eternamente, tan sólo lo hacen por el breve lapso de un ratito (el que dura la pieza). Algo chiquito, breve, pero no por ello de poca monta, sino bien intenso, tal como el haber asistido un domingo a la tarde a ver La Boticaria.
Ficha técnica:
Dramaturgia y dirección: Verónica Mc Loughlin.
Elenco: Marianela Iglesia, Francisco Espinal y Mauricio Minetti.
Domingo 18.30hs. Teatro Anfitrión.
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