ESTA OBRA FUE PRODUCIDA CON EL PREMIO S 2009, EL FONDO NACIONAL DE LAS ARTES Y PROTEATRO
29 de agosto de 2011
PALABRAS ESPECIALES
Con ánimo de amar
O cómo el amor es una cuestión de coordinación.
Intentar abarcar la cartelera teatral porteña se ha vuelto una tarea casi tan imposible como la de perseguir el horizonte. No se trata de que, tanto ella como él, se hallan siempre un paso adelante; lo que sucede es que la naturaleza misma de este fenómeno –lo teatral como experiencia cultural- se ha vuelto omnisciente. Uno convive en Buenos Aires con un montón de realidades y, además, con un monstruo de mil cabezas llamado ‘teatro’. Ciertamente, lo más interesante de esta convivencia es que uno la encara sabiendo de antemano que lleva las de perder. No obstante, arremetemos una y otra vez en desmedro de nuestra capacidad física, emocional y de bolsillo.
Así las cosas, un domingo bastante frío fui a ver “La Boticaria”, el segundo trabajo de Verónica Mc Loughlin como dramaturga y directora. Seducido por las bondades de su primer opus, el encuentro de ese día llevaba la impronta de las altas expectativas que, sabemos, la mayoría de las veces entorpece sobremanera la consumación del hecho artístico.
He aquí las buenas noticias: “La Boticaria” es una obra que deslumbra, en más de un sentido. Pienso ‘deslumbrar’ en su significado más estricto, el de perder momentáneamente la vista por un golpe de luz inesperado. El mayor acierto de la puesta en escena es, pues, la decisión de ocultar y/o mostrar utilizando el dispositivo lumínico como elemento privilegiado. La elección de poner en tensión la noción de ‘imagen’ como centro del desarrollo de la vida moderna obliga a pensar ‘lo oscuro’, que no ya la oscuridad, como un atributo de lo que debe verse, en términos de ‘lo real’. (Abro paréntesis: comienza la función, un señor y su familia sentados en la fila de atrás; como no hay nada que ver, charlan. Al parecer, las hijas no son muy asiduas concurrentes al teatro por lo que el padre les explica en voz baja las diferencias entre actuar y dirigir. Más vale que exagero pero eso entendí de lo que pude escuchar. Mientras tanto, en escena, los actores hablan. En la oscuridad, pero hablan. Cierro paréntesis.) La dupla Iaccarino-Rolandi anota entonces el primer poroto. Al instante se suma Toyos, que inscribe la relación de la obra con el sonido en términos binarios: cada personaje habla un ‘ruido’ diferente, al igual que el ambiente. Las voces se mezclan en una especie de colchón sonoro que, de nuevo, apela a la duplicidad como forma de expresión. Por momentos, se vuelve extraño; de a ratos, ausente. Pero siempre inspirado.
Si “Voto de silencio” era una historia sobre la capacidad de transformación del amor, “La Boticaria” lo es sobre sus imposibilidades. (Algunas ideas sobre la ópera prima de V. McL., su relación con lo ‘cinematográfico’, su concepción acerca de los aspectos técnicos y la teatralidad en general pueden leerse en https://www.facebook.com/note.php?note_id=192745878787). Lo que en aquella era posible, en ésta queda trunco. Lo sucedido antes no se repite, no porque la decepción se haya apoderado de Mc Loughlin, sino porque su nueva mirada sobre el amor opera en términos negativos, según los usos de la fotografía. Algo así como que lo que no se revela es lo que en verdad acontece. Una operación de inversión para hablar sobre el mismo tema sin reiterar, aburrir o complacer. En esta línea, los tres actores –Espinal, Iglesia y Minetti- terminan de alinear el mecanismo narrativo con actuaciones creíbles, atentas al detalle y utilizando la intuición como principal aliada. En este punto, la directora entiende acertadamente los riesgos de la trinidad. El tres es un número difícil para las relaciones; es por ello que se vuelve fundamental para la fluidez de la trama toda estrategia que tienda a redistribuir la energía de a pares, reservando las tríadas para esos momentos que operan como puentes que hacen avanzar la acción hacia el final. La escena del baile es, de todas, la más explícita en relación a esto.
En esta segunda apuesta teatral, Verónica Mc Loughlin hace gala de un poder de abstracción notable, no dependiendo de elementos intrascendentes y concentrando aún más las herramientas al alcance de la mano. En conjunto, ambas obras delinean sin complejos una ética de lo femenino que funciona en dos niveles diferentes pero superpuestos: pone a la mujer en el centro de la escena al tiempo que activa una mirada sobre lo masculino alejada de los estereotipos machistas y falócratas imperantes en el mundo de hoy.
La vocación de esta directora por lo simple y lo sutil, por la ternura y la inocencia como atributos de la especie humana se ha vuelto ya una marca de autor insoslayable. “La Boticaria” se inscribe en esta tradición con una convicción a prueba de balas pero aceptando los desafíos de la ambigüedad. “No hay en el mundo nada bueno que en su origen no contuviera una infamia.” Mc Loughlin y su equipo le piden prestada esta frase a Antón Chéjov y trazan las coordenadas a través de las cuales es posible distinguir lo que significa el hecho teatral como disciplina artística, ética y política a la vez.
Gracias por leer!
Ezequiel Galeano
25 de agosto de 2011
PALABRAS DE ESPECTADORES
Me parecieron muy buenos los actores en su progresión dramática, muy bueno el uso del sonido. Era – buscado o no- como un acople molesto que parecía ser la conciencia de ellos. El uso de la luz como flashes hipnotiza.
Mucha atmósfera de vacio, campo, nada y todo. Lo más difícil de lograr en vivo a mi entender es eso el clima sustancial. Muy bueno el uso del espacio, los costados, el arriba y abajo. Muy bien logrado todo con muy pocos recursos.
La historia también es buena. Pareciera ser el recorte de algo más grande. Es aparentemente sencilla pero está muy bien concentrado todo porque despierta, por esa sencillez concentrada, sentimientos encontrados: miedo, ternura, deseo, inquietud...
El final está muy bien resuelto en planos.
Como te decía me interesa mucho como lo de afuera- lo que no pasa- es tan importante como lo de adentro- lo que pasa- La asocié c La peli Los Puentes de Madison de Clint Eastwood pero en ese caso la protagonista aprieta el picaporte para abrir la puerta del auto y pareciera que le pasa la vida por los ligamentos, pero no lo hace y se muere x dentro y a todo esto previamente te mostraron o contaron la opresión de lo cotidiano, del deber ser, mientras este ser fresco y nuevo le despierta el deseo y su femineidad y el pulso de lo bello. Todos eso tenía para decirte!! Te felicito mucho! Alicia Gutsbisch
Mucha atmósfera de vacio, campo, nada y todo. Lo más difícil de lograr en vivo a mi entender es eso el clima sustancial. Muy bueno el uso del espacio, los costados, el arriba y abajo. Muy bien logrado todo con muy pocos recursos.
La historia también es buena. Pareciera ser el recorte de algo más grande. Es aparentemente sencilla pero está muy bien concentrado todo porque despierta, por esa sencillez concentrada, sentimientos encontrados: miedo, ternura, deseo, inquietud...
El final está muy bien resuelto en planos.
Como te decía me interesa mucho como lo de afuera- lo que no pasa- es tan importante como lo de adentro- lo que pasa- La asocié c La peli Los Puentes de Madison de Clint Eastwood pero en ese caso la protagonista aprieta el picaporte para abrir la puerta del auto y pareciera que le pasa la vida por los ligamentos, pero no lo hace y se muere x dentro y a todo esto previamente te mostraron o contaron la opresión de lo cotidiano, del deber ser, mientras este ser fresco y nuevo le despierta el deseo y su femineidad y el pulso de lo bello. Todos eso tenía para decirte!! Te felicito mucho! Alicia Gutsbisch
23 de agosto de 2011
PALABRAS DE ESPECTADORES
Hay tres imágenes que me parecen particularmente especiales: la del principio, esa oscuridad densa que te lleva inevitablemente a imaginar la escena –algo que pasa cuando leés un cuento, y me parece super atinado teniendo en cuenta que, efectivamente, el texto sale de un cuento-; la del momento en que la boticaria camina por el pasillo para abrirle a los visitantes; y la del final, que parece una especie de retrato de camafeo, como un cuadro para atesorar. Me gustó mucho el trabajo que hicieron con las luces.
Me gustó mucho también lo que hiciste con el texto y el registro.
Me parece genial cómo transformaste el cuento en una historia que podría pasar en cualquier barrio.
Me parece genial cómo transformaste el cuento en una historia que podría pasar en cualquier barrio.
La relación que establecen los dos hombres entre sí me parece super natural, cotidiana: suma que haya insultos, acerca muchísimo la historia a los espectadores.
Ya nos tenés acostumbrados a unas historias deliciosas y La Boticaria no es excepción!
Sabrina
21 de agosto de 2011
LA BOTICARIA EN TIEMPO ARGENTINO
Un cuento sobre los sueños postergados
Publicado el 21 de Agosto de 2011Verónica Mc Loughlin, dramaturga.
–¿Qué propone La Boticaria?
–Es una obra que escribí inspirándome en el cuento homónimo de Chéjov. Se trata de un encuentro entre la joven y bella del pueblo y dos hombres que se acercan a la puerta de su negocio para conocerla. La obra es un cuento sobre la soledad y los sueños postergados.
–¿Cómo surge la idea de llevar a escena un clásico?
–Un amigo me acercó el cuento. Me gustó y quise adaptarlo. En ese momento estaba en escena mi primera obra Voto de Silencio, y recibí el premio S 2009, que me dio el dinero necesario para producir esta segunda obra.
–Se van a presentar en México. ¿Cómo surgió la posibilidad?
–Al festival de la Rendija (Mérida, México) viajo yo, con otra obra que estoy dirigiendo y se llama Una mujer que no duerme. Actúa Juliana Muras y la dramaturgia es de las dos, sobre textos de Clarice Lispector.
–¿Cómo sigue la agenda de presentaciones? ¿Hay alguna otra obra en cartel?
–Por ahora estamos los domingos a las 18:30 con La Boticaria, en el teatro Anfitrión. Yo además estoy actuando en Blanco después, de Nicolás Bolívar, todos los viernes a las 21 en el Camarín de las Musas. En septiembre viajo a México y luego el estreno es aquí. Y, seguramente, en octubre estrenaré otra obra que estoy dirigiendo. En este caso no la escribí yo sino que es de una autora búlgara.
–¿Qué propone La Boticaria?
–Es una obra que escribí inspirándome en el cuento homónimo de Chéjov. Se trata de un encuentro entre la joven y bella del pueblo y dos hombres que se acercan a la puerta de su negocio para conocerla. La obra es un cuento sobre la soledad y los sueños postergados.
–¿Cómo surge la idea de llevar a escena un clásico?
–Un amigo me acercó el cuento. Me gustó y quise adaptarlo. En ese momento estaba en escena mi primera obra Voto de Silencio, y recibí el premio S 2009, que me dio el dinero necesario para producir esta segunda obra.
–Se van a presentar en México. ¿Cómo surgió la posibilidad?
–Al festival de la Rendija (Mérida, México) viajo yo, con otra obra que estoy dirigiendo y se llama Una mujer que no duerme. Actúa Juliana Muras y la dramaturgia es de las dos, sobre textos de Clarice Lispector.
–¿Cómo sigue la agenda de presentaciones? ¿Hay alguna otra obra en cartel?
–Por ahora estamos los domingos a las 18:30 con La Boticaria, en el teatro Anfitrión. Yo además estoy actuando en Blanco después, de Nicolás Bolívar, todos los viernes a las 21 en el Camarín de las Musas. En septiembre viajo a México y luego el estreno es aquí. Y, seguramente, en octubre estrenaré otra obra que estoy dirigiendo. En este caso no la escribí yo sino que es de una autora búlgara.
28 de julio de 2011
PALABRAS DE ESPECTADORES
¿Como se hace? Tres actores, una silla, una mesa, y ya! No hace falta más.
Es increíble como una historia tan sencilla puede atraparte, hacerte transitar junto a los personajes cosas tan a fondo, cada momento, cada mirada… ¡Es excelente!
La verdad que hice la tarea, y leí el cuento antes. Me preguntaba cómo iban a hacer para traducir un cuento a una obra de teatro, y resulto que me encontré con mucho más que eso.
Ya de entrada te metes de lleno en la historia, a oscuras, solo escuchando empezás a entrar en ese mundo, y cuando se enciende la primera luz ya estas ahí, formando parte, y sin saber bien cómo, estás con ellos.
Me en-can-to. Felicitaciones a todos los que la hicieron!
Agustin Calcagno
DE ESO NO SE HABLA - RADIO
Entrevista a Verónica Mc Loughlin en De eso No se habla
Programa de Radio - FZProg
25 de julio de 2011
DIGAMOS QUE ES NUEVO
Que aprendo y estamos aprendiendo algo más.
Que un actor se enferma. Y se enferma la obra.
Y no puede hacerse la función. Una vez. Dos veces.
Y entonces hay que hacer un reemplazo.
Y viene un actor nuevo.
Y con su salud, cura también la obra. Le da nueva sangre, nuevo aire.
Y hace de ella otra obra.
Y me alegra tanto eso...
Con Rodo, La Boticaria era una obra.
Y con Mauricio es otra.
Y me pone tan feliz...
No porque sea mejor, sino justamente porque es distinta.
Porque afirma que un actor no es una lata de sardina que se recambia en el supermercado cuando se acaba el stock. Sino que un actor es único. No hay otro que haga lo mismo. El signo cambia, porque cambia el cuerpo, la voz, el pensamiento, la emoción, la mirada. Y cambian los vínculos entre los actores. Y se resignifican las frases que escribí, y cambia el espacio al cambiar el tamaño.
La Boticaria es toda distinta y la misma a la vez.
Y aprendo mucho.
Que una obra es frágil...
Que hay que cuidarla, tratarla bien y no hacer fuerza...
Después de días duros, de nervios, de incertidumbres...
La Boticaria nace otra vez.
Ahora con Mauricio Minetti, como Raúl.
Bienvenido entonces.
Que un actor se enferma. Y se enferma la obra.
Y no puede hacerse la función. Una vez. Dos veces.
Y entonces hay que hacer un reemplazo.
Y viene un actor nuevo.
Y con su salud, cura también la obra. Le da nueva sangre, nuevo aire.
Y hace de ella otra obra.
Y me alegra tanto eso...
Con Rodo, La Boticaria era una obra.
Y con Mauricio es otra.
Y me pone tan feliz...
No porque sea mejor, sino justamente porque es distinta.
Porque afirma que un actor no es una lata de sardina que se recambia en el supermercado cuando se acaba el stock. Sino que un actor es único. No hay otro que haga lo mismo. El signo cambia, porque cambia el cuerpo, la voz, el pensamiento, la emoción, la mirada. Y cambian los vínculos entre los actores. Y se resignifican las frases que escribí, y cambia el espacio al cambiar el tamaño.
La Boticaria es toda distinta y la misma a la vez.
Y aprendo mucho.
Que una obra es frágil...
Que hay que cuidarla, tratarla bien y no hacer fuerza...
Después de días duros, de nervios, de incertidumbres...
La Boticaria nace otra vez.
Ahora con Mauricio Minetti, como Raúl.
Bienvenido entonces.
10 de julio de 2011
PALABRAS ESPECIALES
“Calor... mucho calor… es de noche…” Así comienza esta historia, la historia de una mujer que espera en su balcón, que no puede dormir, pero que sueña con que las cosas cambien.
“La Boticaria” nos habla de esos momentos que nos sorprenden en la vida, que llegan cuando menos los esperamos y nos sacuden, nos llenan de deseo, de ansiedad, y que simplemente pasan… pero dejan su marca.
Verónica Mc Loughlin nos vuelve a sorprender con una historia simple, pero profunda. Una historia que nos emociona.
“La Boticaria” nos habla de esos momentos que nos sorprenden en la vida, que llegan cuando menos los esperamos y nos sacuden, nos llenan de deseo, de ansiedad, y que simplemente pasan… pero dejan su marca.
Verónica Mc Loughlin nos vuelve a sorprender con una historia simple, pero profunda. Una historia que nos emociona.
Marianela Iglesia, Francisco Espinal y Rodolfo Roca, nos divierten, nos conmueven, nos indignan. Los actores brillan, aun así en la oscuridad de la sala, que deja volar nuestra imaginación.
Los sonidos y las voces nos trasladan a un pueblo, y de repente la luz de la luna nos introduce en la Botica.
Una copa de licor, un deseo, una desilusión…
Simplemente, un momento de felicidad.
Los sonidos y las voces nos trasladan a un pueblo, y de repente la luz de la luna nos introduce en la Botica.
Una copa de licor, un deseo, una desilusión…
Simplemente, un momento de felicidad.
Romina Sofi
3 de julio de 2011
REFLEXION SOBRE EL TIEMPO - CAROLINA ROLANDI
Ultimamente vengo pensando cosas relacionadas a la creación colectiva, a los procesos y a la obra terminada creada en comunión por las áreas de forma experimental... y entre eso, llegó tu mail Mati... y he aquí algunas reflexiones, pasados los días...
Leyendo un libro extraño sobre iluminación que había leído prestado y ahora compré (La trampa de Goethe, de Gonzalo Córdova) doy con un fragmento que habla de la obra de arte como contemporánea siempre... es decir, esta obra es esta obra, aquí/hoy, ya que la otra parte de una obra de arte descansa en el espectador, y éste y la puesta misma están rodeados por un contexto que modifica su mirada.
Este año, habrá sido en marzo, fui a ver Babilonia de Discépolo que será de 1925 o por ahí. Una puesta que hicieron alumnos egresados de la EMAD. A mi no me gusta mucho el teatro "clásico" la verdad, pero actuaba una amiga y fui...
Trata en parte sobre la multiplicidad de lenguas de los inmigrantes europeos y la mezcla con los criollos, y otros gags más. Pensé mientras la veía qué impacto tan diferente debe haber tenido en su momento esta obra, que impacto tenía hoy en mí (por las coincidencias con la actualidad que encontraba) y que rol cumplía entonces el teatro nacional en relación al teatro actual...
Con esta vuelta voy a que creo que se pueden dejar todos los registros formales e informales de las obras, de La Boticaria por ejemplo, hacer los planos y planillas y la descripción de los espacios, dejar el registro del texto, imagen y audio y así dar por sentada nuestra creación... pero si dentro de 100 años alguien toma y rehace nuestra idéntica puesta... igualmente no será la misma, los espectadores van a ser otros, con otra realidad, quizás el teatro en sí haya sido refundado, y creo que eso es lo valioso. Que de una obra nazcan muchas otras obras, que inspire algo nuevo su lectura, que se regenere cada vez hacia adelante, algo como lo que estamos haciendo nosotros con Chéjov.
Leyendo un libro extraño sobre iluminación que había leído prestado y ahora compré (La trampa de Goethe, de Gonzalo Córdova) doy con un fragmento que habla de la obra de arte como contemporánea siempre... es decir, esta obra es esta obra, aquí/hoy, ya que la otra parte de una obra de arte descansa en el espectador, y éste y la puesta misma están rodeados por un contexto que modifica su mirada.
Este año, habrá sido en marzo, fui a ver Babilonia de Discépolo que será de 1925 o por ahí. Una puesta que hicieron alumnos egresados de la EMAD. A mi no me gusta mucho el teatro "clásico" la verdad, pero actuaba una amiga y fui...
Trata en parte sobre la multiplicidad de lenguas de los inmigrantes europeos y la mezcla con los criollos, y otros gags más. Pensé mientras la veía qué impacto tan diferente debe haber tenido en su momento esta obra, que impacto tenía hoy en mí (por las coincidencias con la actualidad que encontraba) y que rol cumplía entonces el teatro nacional en relación al teatro actual...
Con esta vuelta voy a que creo que se pueden dejar todos los registros formales e informales de las obras, de La Boticaria por ejemplo, hacer los planos y planillas y la descripción de los espacios, dejar el registro del texto, imagen y audio y así dar por sentada nuestra creación... pero si dentro de 100 años alguien toma y rehace nuestra idéntica puesta... igualmente no será la misma, los espectadores van a ser otros, con otra realidad, quizás el teatro en sí haya sido refundado, y creo que eso es lo valioso. Que de una obra nazcan muchas otras obras, que inspire algo nuevo su lectura, que se regenere cada vez hacia adelante, algo como lo que estamos haciendo nosotros con Chéjov.
Otro asunto es lo efímero... todo el proceso atravesado, y cuando se llega por fin al estreno (de una pelicula tambien a veces) es eso... es esa suma de minutos minuciosamente pensados y listo... como si el proceso ganara frente a la obra, por mas grandioso que sea el resultado... un año y medio de ensayos, reuniones, etc... frente a, no sé, 20 funciones? a veces más, a veces menos!
Y sí, es efímero en cierto modo, tenes equis posibilidades de verla y eso es todo. Pero si la viste, y algo se quedó con vos... eso se arraiga en algún lugar... y en parte por eso hacemos esto que nos gusta. Aunque sea para que cuando recuerdes que alguna vez viste esa obra todo lo que te vuelva sea la sensación de que te gustó, te interesó, o de que la pasaste bien, y entonces deja de ser efímero, porque dejó un minimo rastro que si perduró.
Me fui a cualquier lado, como siempre... y no traigo nada nuevo, ya se, pero esas son las cosas que anduve pensando...
Y sí, es efímero en cierto modo, tenes equis posibilidades de verla y eso es todo. Pero si la viste, y algo se quedó con vos... eso se arraiga en algún lugar... y en parte por eso hacemos esto que nos gusta. Aunque sea para que cuando recuerdes que alguna vez viste esa obra todo lo que te vuelva sea la sensación de que te gustó, te interesó, o de que la pasaste bien, y entonces deja de ser efímero, porque dejó un minimo rastro que si perduró.
Me fui a cualquier lado, como siempre... y no traigo nada nuevo, ya se, pero esas son las cosas que anduve pensando...
REFLEXION SOBRE EL TIEMPO - MATIAS IACCARINO
Hace tiempo que vengo asombrado con lo efímero del teatro. Un caudal de energía e ideas de mucha gente se junta en un momento y espacio. ¿Qué pasa luego?
¿Cómo es el registro de todo esto? Me pregunto: Si pasan 100 años, ¿alguien podrá reproducir la Boticaria?
¿Cómo es el registro de todo esto? Me pregunto: Si pasan 100 años, ¿alguien podrá reproducir la Boticaria?
(Mail enviado por Matias Iaccarino - iluminador de La Boticaria. A partir de su inquietud, empezamos a pensar todos... De a poco iremos compartiendo las distintas reflexiones.)
SENSACIONES DE UN ACTOR
Cae un momento oscuro.
¿Hacia dónde ir?
La infamia crece al calor
Del tedio de verano
Como los yuyos dentre baldosas.
Los amigos no lo son tanto
La patria que piso es ajena
La desdicha espera siempre
Debajo de las sábanas
Al final de los pasillos
Bajo una luz.
Francisco Espinal
Francisco Espinal
29 de junio de 2011
PALABRAS DE ESPECTADORES
No me creo capaz de juzgar un montón de aspectos técnicos relacionados con La Boticaria. No sólo por mi amateurismo en el teatro, sino también porque no soy un asiduo espectador de obras. Pero tuve dos sensaciones particulares que me dan autoridad para recomendarla. La primera tiene que ver con mi decisión de aceptar la invitación para ir a verla. Es que “La Boticaria” es mi amiga. Pero a medida que iba avanzando la obra, me fui olvidando que esa persona que encuentra una aventura en el medio de una noche monótona, como todas las anteriores de su aburrido pueblo, es la misma con la que me junto a charlar como amigos. Y creo que eso se logra gracias al excelente trabajo de los que están frente a los espectadores y de los que se han esforzado para que la puesta en escena otorgue el clima necesario para atrapar la atención de los que están en la sala. Tan compenetrado estaba, que el final me sorprendió con el aplauso de mis compañeros de butaca. Y esa es la segunda sensación que me dio La Boticaria; esas ganas de que la historia continúe. En otras palabras, no estaba esperando el final. Y te vas pensando, imaginando, soñando. Por eso creo que después de ver La Boticaria te llevás algo. Y por eso la recomiendo. (Polaco)
28 de junio de 2011
PALABRAS DE ESPECTADORES
"Se plantea una historia de amor muy sutil y la atención en los detalles es lo que la hace mágica.
Se enfoca en el tipo de cosas que no se valoran cuando están (se da por hecho de que así tienen que ser) y que hacen mucha falta cuando no están.
El muy buen laburo de los actores, sumado al sonido ambiente, la narración y el manejo de la puesta de luces nos transporta a una noche en un pueblo y a una situación cotidiana con la que la mayoría podemos identificarnos y emocionarnos.
Un trabajo muy sutil, enfocado en los detalles. Sabiendo que Verónica Mc Loughlin es la directora y era de esperar que sea así.
Una historia para sentir. Donde lo importante pasa fundamentalmente por lo sensorial. ¿Alguien sabe explicar y transmitir lo que siente? Imperdible."
Se enfoca en el tipo de cosas que no se valoran cuando están (se da por hecho de que así tienen que ser) y que hacen mucha falta cuando no están.
El muy buen laburo de los actores, sumado al sonido ambiente, la narración y el manejo de la puesta de luces nos transporta a una noche en un pueblo y a una situación cotidiana con la que la mayoría podemos identificarnos y emocionarnos.
Un trabajo muy sutil, enfocado en los detalles. Sabiendo que Verónica Mc Loughlin es la directora y era de esperar que sea así.
Una historia para sentir. Donde lo importante pasa fundamentalmente por lo sensorial. ¿Alguien sabe explicar y transmitir lo que siente? Imperdible."
Fernando de Blas
27 de junio de 2011
PALABRAS DE ESPECTADORES
Hoy fui a ver La Boticaria, me gustó mucho, es una perlita, esa combinación de narración (a oscuras) y actuación me pareció un acierto. Los actores están increíbles, y la puesta austera y grande al mismo tiempo. Por una hora viajé a ese pueblo, donde una joven boticaria está casada y cazada con un señor... vaya a saber por qué... y cuando la roza algo diferente... no se atreve, o quizá, no puede... Bichos raros los humanos, ¿no?
Vivi
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









